Oh positivo!

No me asusta la sangre. De pequeña quería ser doctora y en una hipotética consecuencia natural, vivía acorralando bichos para salvar de las arañas a mi hermana mayor. Pero los insectos no sangran y quizá por eso tuve tantos accidentes, algunos de los cuales podrían incluso considerarse sucesos premonitorios, como cuando mi frente se incrustó en el borde de un escritorio.
En cada derramamiento ponía a prueba mi vocación. Siete puntadas por aquí. Doce puntadas por allá. Solo una vez experimenté en cabeza ajena. Fue cuando le tiré un ladrillo en la frente a mi hermano menor. Yo estaba en lo alto de un balcón y él abajo, en la llanura, simbólicamente diminuto. Me dijo que no me animaría a hacer el lanzamiento y yo le aseguré que sí. ¿Por qué no me creyó?


Cuando tenía 11 años fui a ver una autopsia. Se trataba del cadáver de una vieja flaca y arrugada. Tenía el cuero café y dos trencitas. Exceso de sol o refrigeración, da lo mismo, la señora parecía una tostada. Recuerdo que mi curiosidad se desbordaba de especulación científica y preguntas incómodas, quizá con cierta inclinación metafísica. Ellos trataron de explicarme la inexplicable diferencia entre cuerpo y alma, pero aún hoy tengo mis dudas de que espíritu y olor no son lo mismo. Y sobre todo, tengo dudas retrospectivas con respecto a mi seguridad personal. ¿Quiénes eran ellos?
Toda mi infancia fue una larga exposición sangrienta. Y cómo no. Cuando yo era chiquita, Centroamérica era una morgue. La demografía regional era caprichosa e impredecible. En los años 80, Costa Rica era el paraíso de la DIS. Para los ticos, todo pasaba peligrosamente cerca pero lo suficientemente lejos. La realidad amenazaba con materializarse, aunque lo cierto es que la carnicería solo podía verse ‘afuera’, es decir, por televisión o por fotos. Como estaba advertida, en las marchas a las que solía acudir (animada por un entusiasmo más juvenil que político) yo siempre optaba por ofrecer mi mejor perfil, en caso de que me estuvieran fotografiando.
Mi álbum de recuerdos incluye páginas de salvadoreños torturados, de guatemaltecos desaparecidos, de nicaragüenses masacrados. Con razón mis tías paternas, cuya única lucha conocida ha sido contra las arrugas, vivían abanicándose de consternación por mis tendencias ideológicas, que iban de Candy Candy a Roque Dalton. Ahora entiendo que yo confundía patología con medicina. Y luego medicina con literatura. Quería ver sangre y terminé escribiendo.
A los 12 años me leí mi primera novela: Secuestro y capucha, de Salvador Cayetano Carpio. Supongo que ese libro es la versión subversiva, laica, contemporánea y menos publicitada del Diario de Ana Frank, que jamás leí. Aún puedo verme haciendo dibujitos sobre hipotéticas guerrillas y bombardeos que yo decoraba con balazos y heroicas inscripciones grafitescas. Recuerdo que una vez, mientras estaba sentada frente a una mesa redonda que me parecía gigantesca, en el Centro de Documentación del CSUCA que casualmente era la oficina de mi mamá, un hombre que me pareció un viejito barbudo se me acercó y me dijo que así como estaba, parecía una “intelectual”. Yo no supe qué decir porque no entendí, pero ahora que sé, lo único que entiendo es que mi biografía siempre ha sido prerrevolucionaria. En su peor sentido. Y justamente a eso iba.
En las décadas de los 70 y 80, Centroamérica era un campo de exterminio. Había mucha violencia política, más bien, toda la violencia lo era. Las causas de la represión eran, más que evidentes, pornográficas. Se reprimía a la gente por sus ideas y hasta por sus zapatos: basta con recordar las imágenes del 30 de marzo de 1980, frente a la Catedral Metropolitana de San Salvador. Lo recuerdo porque lo ví. La gente de izquierdas se moría con más facilidad que la de derechas, y no por causas naturales. Y ese es el problema: ahora ya no importa. ¿Quién nos obligó a abandonar las barricadas? Como ya no hay conflictos armados oficiales, la violencia ya no se considera política. Ni siquiera lo que pasó en Honduras es capaz de fracturar la imagen de la nueva religión: la democracia.
La delincuencia no tiene proyecto político y esa extraña conformación que solemos denominar ‘gente de izquierdas’ puede acomodarse con docilidad en una sociedad que solo discrimina por razones de ingreso. Una forma totalmente salvaje de organización, digerida porque ‘todos votan en igualdad de condiciones’. Eso dice el poder: todos los que se oponen a lo que sea, son delincuentes. Y los delincuentes de la calle, es decir, esas masas de gente infraeducada y subalimentada, no encuentran solidaridad política en ningún lado. Su desesperanza y su desesperación no son prerrevolucionarias.
Ahora tengo 40 años y más inmadurez que juventud, pero de algo estoy totalmente segura: no me asusta la sangre sino, más bien, la sangre fría, y del mismo modo, aunque totalmente al contrario, la falta de sangre en las venas.

|+| Ilustración original de Diego Arias.



Por: María Montero  |  En:    Twitter    Web
Escritora y periodista, ha hecho masajes y también tres hijos. Le gustaría ser una heterosexual del Primer Mundo.



22 Comentarios

  1. Amanda dice:

    Brutal.

    Creo que disfrutaré mucho de esta nueva propuesta fusilera.

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  2. Fernando dice:

    Genial el comentario, me hizo reir, recordar…y tambien caer en la cuenta que de pronto ya no se puede estar en contra de la versión oficial ya que seremos reprimidos y criminalizados…estamos viviendo una violencia mayor que la de los años 80, esos muertos ya no están afuera, están dentro de nuestro país, están más cerca pero también igual de lejos, porque tampoco nos importa.Ya no hay luchas, porque oficialmente las eliminaron por decreto…y esas cosas son de troskos, comunistas, terroristas y cualquier otra lindeza que la máquina de desinformación y embrutecimiendo también oficial, nos recete.

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  3. Jess dice:

    Amanda +1

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  4. Tacaco dice:

    Comentario oculto por impopular Click para verlo.

    Impopular. Vótelo: Thumb up 1 Thumb down 12

  5. Raúl B. dice:

    Si que es salvaje nuestra sociedad, y como la hemos organizado. Pero como organizar una sociedad de forma uniforme, si todos somos diferentes, y queremos y creemos en nuestras diferencias? Ahora no es necesario partir del oscurantismo, pues estamos como en un “ocasismo” un claroscuro. Debate para volver a la ilustración, pero creo que el espacio para eso se encuentra tras la tercera guerra, solo ahí, después de revolvernos y matarnos otra vez, y desnudar nuestras almas ante una realidad tan cruda que no nos permita apartar la mirada, habrá ambiente para proponer un modelo que siquiera imagino como podrá intentar ser más humano. Me gustó mucho el post.

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  6. Random dice:

    Un texto estupendo, la ilustración, no tanto, no es que sea mala es solo que no le hace justicia a semejante texto.

    Gracias por esta nueva propuesta.

    PD: Creo que este tacaco se equivocó de post. FAIL.

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  7. Héctor dice:

    ¡Muy bueno e interesante! Seguiré leyendo. La ilustración igual de genial.

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  8. TAVOFA dice:

    Bravo! Me parece excelente iniciativa leer mientras me tomo mi lechita.

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  9. priscilla dice:

    Gracias María por un texto tan genial

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  10. Adrián dice:

    Y lo peor es que lo de morgue sigue siendo realidad, solo que ya no es “cool” mostrarlo, y por desgracia ahora hay otras muertes más de “moda” allá en el oriente.

    Muy buen texto

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  11. Julia dice:

    Cada vez que leo a María veo a la chiquita que conocí mientras todo esto pasaba y yo era solo 7 años mayor.

    Grandes Preguntas, María. Grandes. Grande María Preguntona. Preguntame a mi que tampoco sé.

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  12. Hernán dice:

    Estupendo. Impecable. Gracias María, felicidades Cristian.

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  13. Cabécar dice:

    Tenía razón Cristian en su apuesta. María que lindo escribís! Felicitaciones a ambos. Normalmente no soy usuario de la leche, tengo que acompañarla con algo, aunque sea con sirope, a partir de ahora me replantearé la ingesta del líquido ese con tal de leer propuestas que alimentan mis ideas y mis ideales. Salute!

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  14. Diego Ortiz dice:

    Como siempre María Montero deleitándonos con sus letras, Excelente iniciativa.
    Creo que a mí también me asusta la sangre fría, aquella que tiene el dolor ajeno tan de cerca y ni siquiera le echa un vistazo. Si bien todas las personas cargamos con una porción de responsabilidad, cuánta satisfacción brinda cuando no nos hacemos de la vista gorda, y empezamos a mover el mundo.

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  15. Coyoche dice:

    B+
    Tengo una edad parecida, crecí mientras los cafetales de San José se convertían en urbas, una de ellas se rodeó de una gran tapia y con un compa osamos en invadirla cayéndome un block sobre la cabeza y corrió el sirope, leía casi al mismo tiempo a Jaime Weelock (Diciembre Victorioso, luego Imperialismo y Dictadura) a Omar Cabezas (La montaña es algo más que una inmensa estepa verde) oía sones en casetes y no me interesaba (ni me interesa) el sionismo; como no sentirme identificado si también camino por las calles cuando soy convocado, cuando la provocación pulula, cuando aún la sangre calienta.

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  16. Diego Arias dice:

    [...] experimentos en audiovisual y gráfica han llamado la atención e incluso fue llamado a ilustrar la nueva columna del Fusil de [...]

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    • Diego Arias dice:

      Esto apareció como un trackback de la entrada que publicaron en Sorry Zorrito. Lo aclaro porque la publicación se llama como yo y, por ende, parece un comentario -spamoso- mío en el Fusil. No lo es, cabrón.

      Respecto a María Montero: es una bestia. El texto es una gloria más en su lista de pateaculidades. No quiero comentar más allá porque sólo pueden salir ñoñadas.

      Me disculpo de antemano por las futuras ilustraciones porque el jefe me dio libertad de culto. Los cuatro autores me mueven las trompas de falopio, entonces ya estoy ansioso por todos los textos que vendrán. Serán ejercicios importantes para mí. Salut.

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  17. Primero, felicitaciones por la sección, la buena lectura siempre se agradece. Y a María, un abrazo. Siempre he admirado su brillante pluma. Es genial, llena de imágenes. Lo lleva a uno, palabra por palabra, oración por por oración, párrafo a párrafo, en un suculento viaje literario que en mi caso siempre termina con un: “¡oh María, qué buena que sos!”

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  18. Olvidé agregar: ¡buenísima la ilustración!

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  19. VíctorFG dice:

    Mary, Tibás no es lo mismo desde que te fuiste. Como siempre: cuando sea grande quiero ser como vos, aunque sin las botas naranja de teibolera…

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  20. Daniel Araya dice:

    Bienvenida al Fusil. Es muy impresionante cómo una persona en contacto tan cercano con la violencia haya forjado una sensibilidad a partir de esta y no una triste contaminanción. La violencia es fruto de la incomunicación: nace por falta de respuestas o por creer estar siempre en lo correcto, lo mejor se logra con el diálogo y no nada más con dejar que el otro hable y hable.
    Comunicación, pero comunicación de verdad, que es, reitero, el diálogo, la multiplicidad de voces, el Fusil de Chispas es ahora un blog mucho más plural que antes, gracias por el avance, felicidades por el avance, solo queda seguir avanzando… Bienvenida otra vez María.

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  21. tetrabrik dice:

    maría, al ángulo

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