Berrinche en el olimpo: diputados por encima del bien y el mal

Juro que lo he intentado, pero por más que le doy vuelta no logro comprender la actitud de los actuales diputados , frente a la exigencia del Ministerio de Salud de emprender acciones decididas ante la amenaza sanitaria que representan los cuchitriles en los que funciona el primer poder de la República.
Ya habíamos tocado el tema aquí.
Está claro que la Asamblea Legislativa está entre la espada y la pared, y que la solución al dilema no será instantánea. El Directorio Legislativo sostiene que se han iniciado acciones de contención, e incluso su presidente Luis Gerardo Villanueva, puso en marcha la fantástica ocurrencia de mudar el Congreso a un corrongo edificio de oficinas-estilo-call-center en Zapote. Una genialidad: pasar de un Parlamento ruinoso, a uno nuevecito, pero patético.
Pero la soberbia con la que los legisladores han reaccionado a las exigencias del Ministerio de Salud, no tiene parangón. Según informa La Nación, la moción de censura contra la ministra María Luis Ávila es ya un hecho, y según Extra “en corrillos legislativos empezó a circular el rumor de que un grupo de diputados oficialistas prepara un escrito para la presidenta Chinchilla en el que le pedirían la cabeza de la jerarca de Salud Pública”.
“El malestar con la Ministra llegó al punto de que el Plenario votó mayoritariamente a favor de una moción, respaldando al Directorio para que ignore la resolución del Ministerio de Salud”. ¿Se puede creer? El mensaje que envían los padres de la patria es clarísimo: Si a usted le da la gana, se puede pasar a las autoridades de gobierno por el asterisco, ¡como nosotros! Una lección teórica y práctica de desacato, utilísima para la dama y el caballero, y quien la quiera aplicar en su vida cotidiana.
Pocos miembros de este gobierno podrían prescindir de la propaganda para cacarear su trabajo y rendir cuentas, como María Luisa Ávila. La hemos visto, y la vemos trabajar. A muchos les puede parecer una majadería que se meta con la Asamblea, y pensarán que la Ministra bien podría hacerse de la vista gorda y dejar que el Castillo Azul le caiga encima a unas cuantas secretarias y asesores. No olvidemos que fue el Sindicato de Empleados de la Asamblea, hartos y temerosos de trabajar entre ratas y alimañas (no pun intended) el que le solicitó su intervención a Ávila. A los diputados, muy orondos, el asunto les parece peanuts, y para ellos la ministra viene siendo un zancudo necio que les zumba en el oído a la hora del cafetín, mientras piensan en cómo decorarán -allá en el futuro- sus nuevas oficinas con vista a Cemaco. “Ubicatex” le recetó el menos malo a la doctora Ávila. Eso es que se ubique: en Costa Rica necesitamos funcionarios que trabajen para el anuncio, y si quieren, que hasta trabajen en serio; mientras no nos jodan. Un Congreso que cree en las leyes de la puerta para afuera, y a quien se atreva a pensar que la Asamblea (y más de un pelele que por chiripa termina como Diputado) también es sujeto de ley, que le corten la cabeza. 



