De un diputado de telenovela y la regulación de la TV
Cuál otro: ¡Fishman! Al diputado socialcristiano y excandidato al tercer lugar en las elecciones de febrero, le sobra el tiempo para ver novelas de cuarta, y hasta para contarlas. ¡El despacho del diputado debe parecer una sala de espera de Telemundo! Según Fishman “se requiere de un acuerdo entre los empresarios de medios de comunicación, el Estado y los padres de familia, para limitar la transmisión de esa clase de telenovelas en el país”.
Indiscutiblemente la ocurrencia del diputado suena absurda, pero no lo es tanto. En varios países se han impulsado procesos de autoregulación, promovidos por el Estado, pero asumidos y encabezados por las televisoras, para vigilar la calidad de su programación, limitar los contenidos violentos y explícitos a horarios no “familiares”, eliminar del todo la llamada “telebasura”, etc. La idea no cae nada mal en tiempos en que no pocos costarricenses se han animado a expresar su inconformidad por el tipo de contenidos que se nos ofrece en los canales nacionales. El culebrón de la semana que ha puesto en jaque a Intrusos de la Farándula, es un excelente ejemplo.
El problema es que Fishman va más allá de la esencia sensata de la idea, y cruza la línea: “dirigió su preocupación al Consejo Nacional de Espectáculos Públicos, comprometiéndose a impulsar las reformas legislativas que hagan falta para erradicar la violencia de la televisión nacional”, publica Extra. Ojo: que entre autoregulación, y regulación por parte del Estado hay una grieta insondable. En no pocos países se han abierto portillos para la censura previa, en nombre de la erradicación de abstracciones subjetivas como las gemelas fantásticas: “moral y buenas costumbres”, y por qué no, de “la violencia”. Así, una idea menos mala, se convierte en una amenaza, ahora sí, absurda. 



