El “referendo del odio” ya tiene ganadores

Para llegar a la conclusión de que ya existen unos primeros triunfadores, poco importa si la Sala Constitucional da luz verde o no a la realización de un referendo sobre la unión civil entre personas del mismo sexo. Tampoco hace falta esperar a los resultados de ese anunciado 5 de diciembre, y saber si los costarricenses rechazarán la propuesta, o la apoyarán de forma sorpresiva.
El primer ganador -quién lo hubiera dicho- tiene mucho que agradecerle a esos costarricenses ultraconservadores, impulsores del referendo. Su objetivo fue desde el primer momento llevar el tema a votación para poder sepultarlo en las urnas, tras una campaña de prejuicios, desinformación, y manipulación desde los púlpitos. Pero sin proponérselo, los impulsores del referendo del odio desataron el proceso de visibilización de la realidad de los homosexuales en Costa Rica más impactante que el país haya conocido. Ninguna campaña, ninguna celebración anual, ningún decreto presidencial, habría logrado llevar el tema de la discriminación contra homosexuales y lesbianas a la discusión pública, como ha ocurrido a raíz de esa iniciativa: someter a consulta popular el derecho de dos personas del mismo sexo a proteger su unión legalmente, y acceder a derechos básicos de pareja.
En los últimos meses y semanas, la temática de los derechos civiles para personas homosexuales ha estado permanentemente presente en los medios de comunicación, en todos. Se han mencionado palabras, frases y hechos que nunca antes se habían dicho por tele. Se le ha puesto rostro, nombre y apellido a las “parejas del mismo sexo”, mientras -imagino- los arquitectos de esa Costa Rica mojigatona y doble moralista, se revuelcan de la gastritis.
Al tiempo que las organizaciones conservadoras se empeñan en espetar mentiras e inducir a la confusión, el periodismo serio se encargará de evidenciar que la realidad no es como la dibujan esos apologistas del oscurantismo. Se abre ante los ojos de los ciudadanos el panorama de una Costa Rica diversa y rica en su diversidad, hasta ahora cubierta por un status quo que priva a muchos de sus habitantes de derechos básicos.
A la fecha, muchos políticos valientes, académicos, periodistas (y periódicos) y columnistas, artistas y otras figuras públicas, han expresado su firme oposición a la realización del referendo, que en casi todos los casos coincide con su apoyo al reconocimiento de derechos legales para las parejas de gays o lesbianas.
Conforme avance este proceso y se sigan alineando las piezas para que los costarricenses consumemos el error histórico de este referendo, la visibilización no hará más que potenciarse. Los prejuicios y estereotipos no resistirán la contundencia de los hechos. “Quienes se oponen a las uniones civiles de personas del mismo sexo están librando una batalla que inevitablemente perderán en el largo plazo, como antes la perdieron quienes se opusieron a la emancipación de los esclavos, el sufragio de las mujeres o los derechos civiles de la población negra”, escribió este domingo en La Nación el exvicepresidente Kevin Casas, en uno de los artículos más contundentes publicados hasta hoy sobre el tema. “Los proponentes de este referéndum deben saber que, a lo sumo, están peleando por tiempo”. Aún el peor escenario para quienes creemos en los derechos civiles y defendemos la inviolabilidad de los Derechos Humanos; aún el peor resultado imaginable en las urnas ese 5 de diciembre, tiene que saber a triunfo. Los mismos que querían sepultar a una minoría se han encargado de hacerla visible, en un proceso que no tiene retorno.
Dicen que decía el poeta francés que “no existe nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Tic tac. Tic tac. 



