
“Este tipo de conciertos son incompatibles con la política que queremos para el cantón, para la juventud. Los que van a estos conciertos de música moderna, de pelos largos, salen en el mejor de los casos alcoholizados y otros drogados, y esto da pie a disturbios”.
Parecen palabras del alcalde de una comuna del siglo 19, pero tristemente salieron de la boca de un funcionario contemporáneo. Es parte del razonamiento con el que el presidente del Concejo Municipal de Heredia, Manuel de Jesús Zumbado, justificó la negativa del ayuntamiento a extender los permisos para el Festival Skátedra, que se realizaría este pasado sábado en un terreno junto a Real Cariari.
¿Cuál puede ser la política “que quieren” para “la juventud” del cantón, estos funcionarios, que no incluye a la “música moderna”, pero sí un enorme temor a sus manifestaciones sociales?
En el caso particular del concierto Skátedra, la información divulgada indica que los promotores fallaron un permiso decisivo para la aprobación del concierto, del de Salud. Pero lo verdaderamente preocupante son la manifestaciones del presidente del Concejo: “Creo que aunque lo hubieran presentado el resultado hubiese sido el mismo, no lo hubiéramos aprobado (…) estos conciertos no son compatibles con nuestras políticas ”, dijo Zumbado, citado por La Nación.
¿En qué mundo vivimos? ¿Desde cuando un viejillo de estos tiene la potestad de ejercer la censura sobre un espectáculo público, basado en su taradez, y no en la normativa vigente? ¿O es que Heredia ya prohibió la ejecución pública de todo tipo de música -excepto villancicos- y nadie se dio cuenta? De pronto los heredianos tributan para pagar el salario de un funcionario/curador que decida por ellos qué artes son dignas de ejecutarse en territorio herediano, ¡y cuáles son impías, sucias y demasiado mechudas!
Al señor Zumbado deberían exportarlo un rato a cualquier ciudad del mundo más grande que Heredia. Alguien debería explicarle que la música es cultura, y que los eventos musicales masivos son manifestaciones poderosas de una ciudad que late. No tiene que ir muy lejos, baste con analizar el ejemplo del Festival Rock al Parque, un icono de la ciudad de Bogotá, que con 15 años de realizarse ininterrumpidamente es ya el festival gratuito más grande de América Latina. Lejos de ser perseguido por funcionarios cavernarios, Rock al Parque es liderado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, que cada año recibe a 250mil “pelos largos” en el parque Simón Bolívar, en lo que los bogotanos han llamado “un ejercicio de extrema convivencia”.
Tan exitoso ha sido el modelo para la dinamización de la cultura en la capital colombiana, que el concepto hace años se extendió más allá del rock y ahora existe Salsa al Parque, Jazz al Parque y hasta Ópera al Parque. “Proyectos culturales y artísticos que se buscan emular en otras latitudes y por otras instituciones y que permiten a ciudadanos de todos los estratos, edades y nivel educativo, congregarse en los parques y espacios al aire libre para disfrutar de las diferentes expresiones musicales, en un ambiente de sana convivencia”, explica Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, del Municipio.
Esa es la diferencia entre políticos fósiles, y líderes visionarios. La diferencia entre entender el mundo o preferir enrollarse en el prejuicio. La diferencia entre tener información, y tener miedo.
Mientras tanto aquí, datos publicados este domingo señalan que el 36% de los costarricenses podría no votar en las elecciones municipales de este 5 de diciembre. Que nadie diga que no le avisaron: si hay que poner en manos de un idiota hasta la selección de los espectáculos que podemos -y no podemos- ver, al menos a ese idiota escójalo usted. 
