Es difícil -siempre- pretender una cobertura periodística libre de pasiones, pero es particularmente complicado cuando el tema en cuestión involucra un conflicto entre dos países, dispara los sentimientos nacionalistas y canaliza una enorme atención sobre el registro que de los acontecimientos, hacen los medios…
Probablemente no existe escenario más fértil para el sensacionalismo, que el fantasma de un conflicto armado con “un país agresor”.
En general, la cobertura, desde el lado tico, ha sido sensata y libre de (grandes) polvorines alboroteros. Hasta este jueves, cuando Repretel decidió levantar la bandera como si en lugar de periodismo informativo, hicieran porrismo emotivo. El llamado es a sacar las banderas “para expresar nuestro repudio”. Se leyeron editoriales en sus noticieros de televisión (6 y 11) y en sus emisoras de radio (Reloj y Monumental), y en la edición estelar de Noticias Repretel el set apareció forrado en tricolor… solo faltaron los faroles, tapa de dulce y un yigüirro. ¿En qué momento ocurrió ese salto del ejercicio informativo, a la hueca propaganda nacionalista? ¿Es ese el rol que le corresponde a los informadores en un contexto como el actual?
Quizá el detalle más curioso es que el grupo al que pertenece Repretel ¡también es propietario de canales de televisión en Nicaragua! Entonces, ¿del otro lado del San Juan también estarán atizando el caldero “en contra de la agresión tica”? ¿Se habrán forrado en banderas azul y blancas?
Montarse en la ola ardiente de un nacionalismo exarcebado, en un momento tan delicado, más que una desinteresada labor informativa es una triste estrategia oportunista. Eso, sin ser malpensados. 

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