Como en una tragedia épica, cada capítulo siempre puede ser peor que el anterior. Este martes oíamos a la Presidenta Chinchilla disparando una ocurrencia (otra): clavarle un “impuesto a la defensa” al nuevo plan fiscal para financiar una “policía de fronteras”. “Se trata de “una unidad debidamente entrenada y con un equipamiento mínimo que le permita moverse en las zonas montañosas del país” (…) “A partir de ahí, queremos seguir avanzando en la constitución de esta policía; se está documentando todo el costo”, dijo Chinchilla, citada por La Nación.
Pero hoy descubrimos que la genialidad era ajena; ¡se la debemos a René! El Canciller no solo es la mente inquieta y creativa detrás del impuesto, sino que le jaló el rabo el ternera hasta donde pudo: insinúa que Costa Rica debe “considerar posturas históricas nuestras” y avanzar hacia conformar fuerzas armadas con capacidad de combate con ejércitos extranjeros. “Vamos a tener que hacer un análisis profundo de decidir ser una democracia desarmada y pacífica, y la nueva realidad de este mundo multilateral”, le dijo Castro a Radio Nederland. El Canciller hizo un barreal para decir que no está hablando de un ejército: “Los ejércitos tienen una cultura militar, de secreto, de no control sobre ellos, pero nada de esto opera en una policía civilista”… ¡pero está hablando de un ejército! “De ataque, cero. No hay capacidad. Nuestra capacidad de defensa es muy limitada”, dice. “Creemos que hay que hacer una inversión seria para adecuarnos al reto de los tiempos”.
Entonces ¿cuál es la idea? Hacer un ejercitito, que no se llame ejército, pero que haga lo que hace un ejército cuando se necesite (cada 100 años). Pero como no es un ejército, sino un ejercitito va a ser aplastado por el que sí sea un ejército. Una tontería redonda y compacta, made in Costa Rica.
No creo que nadie tenga duda de la urgente necesidad de profesionalización y equipamiento de nuestra policía. Es urgente. Pero urge para atender las necesidades impuestas por el imperante clima de inseguridad ciudadana y el rampante avance del narcotráfico… ¡pero no ante amenazas extranjeras, o extraterrestres! La invasión de Isla Calero es -por donde se mire- un hecho absolutamente aislado y no hay razón para que debamos dejar de verlo como tal. Menos si es para imaginarnos a una Costa Rica sumisa y vulnerable acechada por lidercillos enanos invasores y sus esposas malpeinadas.
Sobra decir que nuestro país enfrenta necesidades reales, ante problemas reales (seguridad ciudadana, educación, ¡infraestructura!), que han sido desatendidas por años argumentando la falta de recursos que ahora mágicamente aparecerían para complacer los delirios militaristas de un par de ministros atarantados.
Mientras tanto, en una esquina de Rohrmoser, Óscar Arias se sostiene el estómago: le salieron bien chuecas esas costillas. Es evidente que se han astillado y ahora nos joden a todos con sus gracias. Al carajo 4 años de discurso antiarmamentista…
“Imaginen, por un instante, lo que sería nuestra región si le otorgáramos más poder a los programadores y diseñadores, en lugar de a los coroneles y a los generales. Si destináramos nuestros recursos a comprar más libros y computadoras, en lugar de más misiles y tanques de guerra. Si en lugar de muros y cercas alambradas, nuestras fronteras compartieran cables de alta tensión o redes de fibra óptica. Si en lugar de repetir en las escuelas la historia eterna de campañas bélicas, nuestros jóvenes tuvieran la oportunidad de asistir a charlas como ésta. Imaginen esa América Latina, ansíenla, quiéranla… y súbanse las mangas de la camisa, porque nos toca a nosotros construirla”, decía Arias hace exactamente un año, durante el evento TEDx Pura Vida.
Pero René y Jose María quieren soldaditos; y Laura quiere hacer algo. Cualquier cosa. 
