
No me cuento entre los “sorprendidos” por la matráfula de llamadas y favores que finalizó con la evaporación de una indagatoria judicial en contra del Exministro de la Presidencia, y precoz candidato presidencial del PLN, Rodrigo Arias. La Fiscala General interina, Lilliam Gómez, por solicitud del recién nombrado Fiscal General, Jorge Chavarría, echó atrás la instrucción de indagatoria emitida por 4 fiscales y relacionada con el manejo de donaciones del BCIE al gobierno por US$2 millones.
Según la investigación publicada a finales de la semana pasada por La Nación, horas después de que Arias recibió la notificación de la indagatoria, llamó por teléfono al Ministro de Seguridad, José María Tijerino “para consultarle si tenía cómo contactar al fiscal electo Chavarría, quien antes había sido viceministro de Seguridad”. Ese mismo día Gómez frenó el proceso judicial, luego de reunirse con Chavarría (quien asumiría como Fiscal General hasta una semana después). Si bien la fiscala aseguró que Chavarría “no le dio ninguna orden”, en un correo electrónico divulgado por el diario, la funcionaria escribió que Chavarría “me ha solicitado dejar sin efecto las indagatorias”.
En resumen: Arias se entera de la indagatoria, llama a Tijerino para saber cómo contactar a Chavarría. Chavarría se reúne con Gómez y esta procede a detener la investigación.
Solo un día después de la publicación de La Nación, el Fiscal Chavarría ordenó investigar y sancionar a quien filtró la información al medio. La cereza en el culebrón: un atentado a la más elemental transparencia en la función pública.
La “coincidencia” en la secuencia de hechos es ciertamente espeluznante, pero Arias cree que alguien se la soñó. Como de costumbre, el exministro ha echado mano de ese discurso cínico que le conocemos tan bien. Salió al paso de las acusaciones argumentando una “trama” de parte de La Nación y Telenoticias. No solo no es la primera vez, es la misma reacción que vimos durante sus 4 años en el gobierno cada vez que los medios de prensa no alineados publicaron cuestionamientos hacia su gestión o la del gobierno liberacionista. ¿Y los alineados? Un pasquín sucesero y un noticiero de TV que comparten el rojo de sus logotipos y el entusiasmo de sus porras para con el aparato oficialista. Zapping.
Tampoco sorprende la triste actitud servil de los diputados del PLN, ni que haya sido la Asamblea Legislativa el lugar elegido por Arias para la conferencia de prensa de su descargo. Ahí, flanqueado por los diputíteres liberacionistas, como un coro de pajaritos, el exministro presentó sus “pruebas” que no prueban nada, e hizo la de los zorros acorralados: soltar la hediondez y escapar durante la confusión.
La actitud de los liberacionistas es la natural. Ya otros altos funcionarios en ejercicio dejaron claro que Rodrigo es el líder, el maestro zen de sus conciencias, el meitre de la comilona, el senséi de su estrategia, el dj del baile de máscaras. En la Asamblea, estuvo siempre claro: Rodrigo es la mano que mece la cuna de los diputados de la fracción oficialista. Él es el camino y la verdad. ¿De qué otra forma iban a actuar?
Lo realmente alarmante de esta fábula en blanco y negro, es el poco márgen de acción que existe para reaccionar ante cuestionamientos sólidos como este. El proceso ordenado por la Corte Plena contra el Fiscal General Chavarría es una excelente señal. ¿Pero qué pasa en lo político? Este lunes, los 23 votos del PLN impidieron la creación de una Comisión en la Asamblea Legislativa, que investigue a Arias por el presunto tráfico de influencias, con lo que empieza a diluirse la posibilidad de que exista una sanción cualquiera, más allá de la de la opinión pública.
Y mientras estos capítulos se repiten una y otra vez, y a los escándalos se los lleva el viento, los partidos de oposición duermen el sueño de los justos, y tratan de pellizcar migajas de caudal electoral a partir de las congojas ajenas. ¿Es que a nadie le para los pelos el nivel que ha alcanzado la concentración de poder en Costa Rica? ¿Dónde está un proceso profundo de reestructuración, de organización de bases, de construcción de propuestas, de planeamiento estratégico, de alianzas? El control político es fundamental, pero ¿qué se está haciendo más allá del Congreso? ¿Por qué en lugar de refunfuñar por lo “temprano” que arranca la lucha electoral en la tiendas liberacionistas, los demás partidos no se arrollan las mangas y hacen lo propio? ¿Por qué no se pasa de la queja y el berrinche?
Por eso es que la actualidad ya no sorprende, porque es poco lo que se hace para que la realidad sea otra, cualquiera. Por eso no sorprende que la del 2014 parezca una elección más cocinada que churro de Manolos. Y no se sorprendan tampoco de que de hoy a entonces, nadie recuerde nada.
Así las cosas Rodrigo es, además, el futuro. 

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