Yanancy Noguera y los cables de WikiLeaks sobre Costa Rica:

Este martes el periódico La Nación, el más importante medio impreso costarricense, inició la publicación de un total de 827 cables secretos del Departamento de Estado norteamericano cuyo contenido está directamente relacionado con Costa Rica. Los documentos forman parte de los más de 250mil cables filtrados por la organización WikiLeaks desde finales del 2010.
Así, La Nación se suma a 5 de los principales periódicos del planeta (The New York Times, Le Monde, Der Spiegel, El País y The Guardian) y a varios diarios latinoamericanos (El Comercio, Página/12, La Jornada) que han publicado información filtrada, obtenida directamente de WikiLeaks, en lo que ha sido conocido como el “cablegate”.
La mañana de este miércoles conversé con la periodista Yanancy Noguera, directora de La Nación desde marzo de 2010. Estas son sus primeras reflexiones para un medio distinto al propio periódico:
Para empezar por el principio, cuénteme: ¿en qué momento surge el interés inicial de La Nación, por hacerse con los cables de WikiLeaks sobre Costa Rica, y publicarlos; y cómo surge el primer contacto?
Inicialmente nosotros no supimos que una vez concluido -o avanzado- ese proceso de publicación por parte de los medios internacionales, como el New York Times, El País, etcétera, la organización iba a establecer alianzas con periódicos de otros países. Creo que los primeros periódicos de América Latina en publicar fueron La Jornada y El Comercio. Entonces nos percatamos de la posibilidad de establecer un contacto directo con WikiLeaks.
Fue Giannina (Segnini), a partir de sus contactos de muchos años en periodismo de investigación, quien establece ese contacto con una colega europea que acababa de cerrar la negociación para su periódico. Es a través de ella que hicimos el enlace. Es complicado, como lo cuenta ella en la nota, por que no es que existiera un lugar al que se podía simplemente llamar…
Sin embargo parece fascinante, a partir de ese texto, que el contacto estuviera a dos llamadas de distancia. ¡Realmente podría parecer sencillo!
Claro, sin duda fue una gran ventaja. Esa periodista le adelantó a Giannina cómo era el proceso, y por eso no estábamos tan desprevenidos. Teníamos una buena idea del tipo de material que podíamos recibir, y también estábamos sobre alerta en el sentido de que nos podían decir “vénganse ya a Londres”, como en efecto ocurrió. A partir de que hubo respuesta procedimos con el viaje.
Se activa toda una dinámica para acceder a esa información, pero cuyo contenido puntual era desconocido. ¿Por qué?
Sin duda el interés surge de la relevancia de las publicaciones que ya han realizado El País, el New York Times, Le Monde… mucha de esa discusión en el gremio periodístico se generó en el momento en que esos medios hicieron su alianza. Aquí, aunque nosotros nunca tuvimos esa gran discusión formalmente -nunca nos sentamos en grupo a decir “vamos a buscar los cables”- sí existía el interés. Éramos parte de esa dinámica que se estaba generando en torno al sentido que tiene para el periodismo tradicional enlazarnos con una red de información como WikiLeaks. Era una reflexión no formal, pero sí muy presente entre nosotros.
A partir de que Giannina establece el enlace, casi no hubo nada que discutir. Decidimos que era importante que La Nación estableciera esa relación, y publicara los cables sobre Costa Rica. De hecho fuimos más ambiciosos, e intentamos tener acceso a más cables sobre otros países, pero no fue posible.
Me interesa particularmente ese tema: WikiLeaks es una organización civil, sin fines de lucro y no esencialmente periodística. ¿Qué surge de esa reflexión sobre vincular los esfuerzos de una organización de esa naturaleza, con medios de comunicación tradicionales, como La Nación?
¿Cuánto ha cambiado ese paradigma en el que eran las grandes cabeceras las que establecían la agenda, ya no digamos a nivel de un país, sino ahora a nivel global? Es una capacidad de incidencia impensable hasta hace no mucho tiempo…
Creo que en el fondo, cuando analizamos diferencias y coincidencias, las coincidencias que existen están muy cerca de la esencia de lo que es el periodismo. Así intenté explicarlo en el texto de justificación publicado hoy: lo que hacemos quienes hacemos periodismo es revelar secretos. Lo que hacemos es averiguar qué cosas ocurren en torno a una situación, el país, o determinadas figuras, y revelarlas a la población. Creo que en esencia lo que hace WikiLeaks es eso: obtener información “secreta”, y generar alianzas para revelarla.
Entonces ese vínculo de lo que hace tradicionalmente el periodismo, que tienen que ver con la búsqueda de transparencia, y la importancia de que la gente reciba información para formarse opinión. Fue lo que nos hizo sentir que no existe ningún divorcio con una figura que no es periodística como nosotros la concebimos: no es desarrollado por un periodista profesional, o no es desarrollado con un esquema de medio de comunicación tradicional. Pero creo que es parte de esos paradigmas que se nos rompen cada día con todo lo que está ocurriendo con la tecnología y el acceso y poder que tiene la gente por medio de la información.
La publicación de esa justificación, es algo que han hecho todos los medios que ya trabajaron con WikiLeaks, pero todos lo han hecho de forma posterior. ¿Por qué tomó la decisión de hacerlo aún antes de revelar el primer cable?
Principalmente porque sabíamos que venía un capítulo complicado, o difícil, para la sociedad costarricense, que fue el tema del TLC, y por las sensibilidades que se generaron en su momento en torno al mismo.
Es una forma de explicarle a los lectores cuáles fueron las guías de trabajo que aplicamos a lo largo de las publicaciones. De decirle a la gente que viene un trabajo periodístico que es importante, y que nosotros lo procesamos de determinada manera, desde nuestra óptica.
Y también ser transparentes en cuáles son las cláusulas del acuerdo con WikiLeaks, en el que lo más importante es el compromiso de eliminar nombres de personas particulares que se puedan ver afectadas.
Brevemente, ¿cuál fue ese procedimiento para procesar los cables originales?
El material en bruto venía en un documento único, todo “pegado”, y casi sin puntuación siquiera. Se hizo el trabajo de ordenarlo y así es como se está presentando en el sitio del periódico. También tuvimos que trabajar con algunos términos que seguramente son propios de la redacción de quienes emiten esos documentos dentro de la diplomacia estadounidense.
Luego realizamos el trabajo de análisis del contenido, y los agrupamos en “grandes temas” que aparecen en los cables. Esa clasificación también está disponible en internet. Agrupamos los cables que se refieren al TLC, los que hablan sobre China, los que hablan sobre seguridad, etc. Así por ejemplo de todos los documentos que se refieren a política exterior, segmentamos los que se refieren a China, que son bastantes; los que hablan sobre Cuba. De esa forma los ordenamos con base en nuestro criterio, para presentarlos a los lectores, y para que la gente los pueda analizar y entender. Pero también para, a partir de esa clasificación, realizar el trabajo periodístico que corresponde. Asignamos los distintos temas: por ejemplo todo lo relacionado con el TLC lo trabajaron dos periodistas, uno se encargó de China, dos se encargaron de política exterior, etc.
Finalmente entramos en el procesamiento típico, periodístico, que requiere toda información y que realizamos todos los medios de comunicación, independientemente de la plataforma.
¡No todos! Es el ideal.
Sí, es el ideal. Esa fue la forma en que nos organizamos.
Volvamos sobre el acuerdo con WikiLeaks: Quedó claro que puede existir un proceso de edición del material original…
Hasta ahora no hemos visto nada en los cables, que hayamos tenido que quitar. No hemos encontrado nada que haya que “tachar”.
Pero dentro de ese marco, ¿cuánta confianza podemos tener los ciudadanos en la integridad de los documentos que se están poniendo a disposición del lector final?
Creo que el control cruzado que eventualmente se podría hacer con el propio WikiLeaks. Hasta ahora no hemos sabido de ningún medio que haya publicado algo parcialmente y ellos hayan salido a contrastarlo o a decir que se incumplió el convenio.
Pero existe ese acuerdo para la protección de esas personas que pudieran verse afectadas, y por eso quisimos ser claros desde el principio: vamos a respetarlo no solo porque está en firme, sino porque es algo en lo que también nosotros creemos.
También es importante recordar las características de estas informaciones: no dan hechos, dan opiniones. Creo que eso hay que dimensionárselo a la gente. No vamos a ver grandes revelaciones, incluso ya hemos estado leyendo los comentarios de muchas personas en el sentido de “ya todo esto lo sabíamos”…
Pero la noticia es noticia en tanto revele algo nuevo. Si ya todo lo sabíamos, ¿cuál es la noticia?
Me parece que volvemos a esos paradigmas que se rompen en nuestros días. Parte de lo que WikiLeaks ha hecho evidente, es que también es noticia eso que la gente convierte en noticia.
Sin duda hay algunas revelaciones interesantes. Por ejemplo la nota de hoy que cuenta cómo se produjo una modificación a un texto de un Proyecto de ley, de una de las Leyes de implementación del CAFTA, y sin duda es un elemento revelador, porque puede ser algo que alguien considere sensible, o que no fue transparente, o que no se hizo como se debe hacer. Es un ejemplo de informaciones que son noticia, bajo el criterio técnico periodístico.
Hay otras, por ejemplo las descripciones que los diplomáticos hacen sobre personajes que están en puesto públicos…
Esas son casi “notas de color”.
Exactamente. ¿Y son noticia? Seguramente sí, son importantes para una parte de los lectores.
Ese argumento de que los cables se tratan de simples chismes diplomáticos, lo hemos visto repetido una y otra vez por los detractores de lo que podríamos llamar “el fenómeno WikiLeaks”. ¿Pero será que los ciudadanos simplemente nos acostumbramos a la falta de transparencia como status-quo? ¿Perdimos ya la capacidad de asombro?
Pues puede ser. Yo creo que por ejemplo si vemos el tema de que si Magistrados se comunicaron o no, con personas que están vinculadas a otros cargos… han existido ya casos en el pasado que se han conocido, y creo que hay mucha gente que simplemente piensa que “eso pasa” y es “normal”, y habrá otra que pensará que “eso pasa” pero “no debe pasar”. Es claramente una cuestión de puntos de vista, pero -al menos en el pasado- han sido prácticas que la sociedad costarricense ha calificado muy duro.
Creo que estas informaciones pueden ayudar, sí, para abrir heridas sobre pasajes que pudieron haber sido difíciles para algunos, o para la sociedad en general, pero creo concordar con su criterio: ¡es saludable! En este mundo abierto, que permite que tanta gente opine de formas diferentes, nuestra labor es que se divulgue y se abran espacios para la discusión.
Me mencionó antes que estuvo leyendo los comentarios de los lectores. Aprovecho la curiosidad: ¿es algo que hace regularmente?
Sí, procuro hacerlo. Si no puedo, le pido a la persona encargada del tema de redes sociales que me haga un resumen.
¿Toman en cuenta esos comentarios, el sitio del periódico, en Facebook? ¿Los valoran para definir enfoques, por ejemplo?
Claro que sí. Es un aspecto en el que sin duda nos falta mucho por desarrollar. En La Nación yo “decreté” -como digo yo- el proceso de convergencia cerca de junio del año pasado, y calculo que es un proceso que nos puede tomar 3 años.
Estamos convencidos de que es importante tomar en cuenta el criterio expresado por la gente, para tomar decisiones. Estamos en ese proceso.
¿Hay algo en los cables publicados y por publicar, que incomode a La Nación?
No, creo que no.
Por ejemplo en la nota de hoy lo decimos: una de las razones que los diplomáticos consideraron que influyó en que se haya aprobado el TLC en el referendo, fue el rol de los medios de comunicación. Eso es un elemento que uno podría preguntarse: ¿nos incomoda, o no? Y creo que, ahora y transcurrido este tiempo, todos sabemos que en efecto los medios de comunicación participamos. Tomamos partido. En el caso de La Nación se planteó así incluso con un editorial, y en mi caso para ese momento dirigía El Financiero, e hicimos lo mismo bastantes meses antes del referendo.
Hay varias menciones de conversaciones que mantuvieron los diplomáticos con el anterior Director, con el Jefe de redacción; que son situaciones que ocurren: la embajada cada cierto tiempo lo invita a uno a almorzar, y no es nada raro.
Pero no, no hay nada que sea preocupante para nosotros.
Hay que recordar además que esos documentos se nutren de una gran variedad de fuentes, entre las que hay diplomáticos, políticos, académicos, sindicalistas, y medios de comunicación. La diplomacia por lo visto funciona así, a partir de información de diferentes sectores.
Me llamó mucho la atención el término que utilizó Giannina Segnini en su texto publicado este miércoles. Se refiere a La Nación como “un periódico independiente”. ¿Qué es un periódico independiente?
Qué buena pregunta. ¡Hay que hacérsela a Giannina!
La Nación, y en general los medios de comunicación en Costa Rica, a diferencia de medios en otros países que toman una posición muy clara en distintos momentos de la política, no lo hace. Creo que la única vez en que el periódico ha tomado una posición abiertamente sobre un tema político, fue en ese contexto de la discusión sobre el TLC. Eso es una forma de explicar qué es un medio independiente.
Por otra parte, uno de los valores del Grupo Nación es la independencia. Nosotros somos un medio independiente porque ese valor de la independencia tiene que ver con que no nos sentimos amarrados a ninguna posición ligada a un poder económico del cual dependamos. Quiere decir que aunque dependamos de la publicidad que puede tener intereses y posiciones diversas, eso no define la forma en que hacemos periodismo.
Una decisión de alto impacto como ésta, ¿se consulta a nivel empresarial a lo interno del Grupo Nación, o es netamente editorial?
Es netamente editorial.
Nosotros tenemos varias normas éticas, especialmente relacionadas con los viajes, por ejemplo. La Nación no acepta viajes que sean invitaciones de empresas. Dentro de esa política existe un un comité que se reúne cada semana que decide con respecto a los viajes: por qué hay que viajar, cuál es la justificación, etc. En este caso, como había que gestionar el viaje a Londres con urgencia, sí conversé con el presidente de la empresa, le comenté de qué se trataba y procedimos. Pero después de ahí, todas las decisiones son completamente editoriales. En estas cosas La Nación, y en general en el Grupo Nación, se funciona… con independencia.
La mayoría de los periódicos que han publicado cables a partir de un contacto directo con WikiLeaks, están ideológicamente alineados la izquierda. ¿Eso le genera alguna reflexión?
No. Por ejemplo están los colegas de El Comercio, con los que tenemos bastante relación, y no diría que El Comercio sea de izquierda…
¡Pero La Jornada y Página/12 son probablemente dos de los periódicos más de izquierda en la región!
Si, pero entonces hay una mezcla. En América Latina estarían los de derecha, nosotros, La Nación, y El Comercio. Pero yo creo que algo de lo que ellos (WikiLeaks) se preocupan más, y lo planteamos en la entrevista que se le hizo al segundo de WikiLeaks, es la trayectoria que tenga el medio. Creo que es algo que consideran mucho más que si es izquierda o de derecha. ¡El New York Times tampoco podemos decir que sea precisamente de izquierda!
Entonces la trayectoria puede ser -y en esto estoy especulando- uno de los valores más importantes que ellos consideran. Y en el caso nuestro, la periodista que funcionó como enlace, les dio todo el background de quién es Giannina, de cómo funciona la unidad de investigación de La Nación, y cuando Giannina entra en contacto con WikiLeaks, le informan que ya nos habían investigado.
Para terminar: ¿quién diría que sale peor parado, en la información que falta por publicarse?
De lo que tenemos hasta ahora, hay calificaciones muy fuertes contra el expresidente Abel Pacheco. El análisis que hacían de don Abel en su época, es duro.
En la nota que hicimos el martes de expectativa, hicimos una pequeña lista de algunos de los temas, y se menciona las calificaciones que se hacen sobre nuestra democracia, que somos “una democracia disfuncional”, y sentimos que eso ha golpeado a muchas personas. 

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