
No hay quite: todas las señales previas hacían pensar que el del nuevo Estadio Nacional iba a ser un parto de alto riesgo. Pero quienes sacaron el día por la víspera, se equivocaron. La inauguración fue un éxito de producción y logística por donde se le mire, un acierto de los inusuales en Costa Rica. Y al que le pique que se rasque…
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La descoordinación con varios artistas nacionales y la “lógica” seguida para la elección del line-up del concierto nacional, la ausencia de Malpaís y la austeridad que impidió la presencia de Debi Nova, el gazapo de Jaime Jiménez con su email para El Guato, la falta de seguros del propio estadio, la polémica previa a la maratón, los cuestionamientos con respecto la la adjudicación del contrato, la falta de nivel de la selección china, y que si Shakira o no Shakira (nalguitas incluidas); todas señales poco halagüeñas. Pero el sábado, a la hora de la verdad, la calidad se impuso. La agencia Jotabequ logró un evento impecable, puntual, ágil, y sobre todo alucinante. No hay que temer se tachado de pueblerino por conservar algo de capacidad de asombro. Lo que vimos el sábado no sólo no lo habíamos visto jamás aquí; tampoco lo esperábamos.
Dato curioso: El nuevo estadio tiene religión oficial. Lo bendijo el sábado Hugo Barrantes en medio de un alboroto y sin que nadie le pusiera mucha atención. Una hora después, los artistas chinos honraban a Buda, en un estadio pagado y construido por un país oficialmente ateo. ¡Atevos!
El inmueble es ciertamente “una joya”. Nadie que ponga un pie adentro la tendrá fácil para sostener lo contrario. Es una obra monumental para nuestro contexto y no hay forma de minimizarla.
En los últimos días, la opinión pública parece haberse dividido, pero en proporciones desiguales: de un lado una sonora mayoría de costarricenses que celebra la apertura de su nuevo escenario deportivo; del otro, una minoría indiferente, o crítica, que niega que haya algo que celebrar. Sus razones son tantas como butacas tienen las nuevas graderías. La naturaleza opresiva del régimen Chino, su violación flagrante de los Derechos Humanos, el sacrificio de espacio del parque La Sabana, la falta de estacionamientos, la congestión vial, que si lo pintaron de rosado, o que si en lugar de un estadio debimos pedir hospitales, escuelas, trenes y chop suey.
Si se trata de tomar partido, en este río revuelto yo me alíneo del lado de los primeros. Con respecto a casi todos los temas en cuestión es poco o nada lo que podemos hacer los ciudadanos. Ciertamente se impone ser críticos, pero no por ello insensatos. Ya la historia cobrará sus cuentas con quienes vendieron sus principios, y nos dirá si nuestros gobernantes eligieron el camino correcto o no. Mientras tanto, tenemos un estadio de 35mil asientos en La Sabana ¿Qué se supone que hagamos con él?
Recomiendo la entrada sobre el nuevo estadio en Wikipedia. Completísima.
¿Vieron el trabajo de los fotógrafos de La Nación, publicado este domingo? Fotoperiodismo de altísima calidad.
El sábado, por primera vez, un tema originado en Costa Rica llegó a ser trending topic a nivel global en Twitter. Se trata del backchannel más activo que hayamos visto jamás en el país. Está claro hacia dónde está apuntando el spotlight en estos días, y que no son pocos los que intentarán aprovechar el momento para llevar agua a sus molinos.
Este lunes, todo mundo amanece escandalizado porque el flamante estadio ya sufrió los primeros daños de importancia. Yo creo que la verdadera razón para asombrarse sería que tal cosa no hubiera ocurrido. Bien lo dijo el sábado la periodista Mishelle Mitchell: “una entrada al estadio cuesta c50mil, pero ser pachuco es gratis”.
No hay mucho que decir sobre los discursos de Óscar Arias y Laura Chinchilla durante la inauguración del sábado. El primero aprovechó su tiempo para hablar sobre él mismo, y la segunda le dedicó el suyo a alabar al primero. No hubo sorprendidos, era la oportunidad de oro para una reconciliación pública, cursi, vistosa. A él le silbaron, a ella le aplaudieron. Los porristas de él le echan la culpa de la silbatina a la “incultura”, como si no hubiera hecho méritos. Vox populi vox Dei.
La presidenta entendió mucho mejor el contexto en el que iba a hablar y su discurso fue mucho más acertado para la ocasión. Pero además se le vio distendida y cómoda, entusiasmada y entusiasta. En ese partido ella se anotó un gol, y la gente no ahorró en aplausos.
Un grupo de bloggers y twitteros asistimos al evento de inauguración, invitados por la Presidencia de la República. Fue la primera vez que se acredita a usuarios de medios sociales para realizar una cobertura de esta naturaleza. Un paso importante. Pero no pude evitar pensar en el contraste: en China, un régimen donde la libertad de expresión es un sueño de opio, los bloggers no solo no son tomados en cuenta; son perseguidos, arrestados y silenciados. No hay que olvidarlo.
Tenemos por delante una semana y media de eventos. Seguiremos leyendo por un lado las porras de los pegabanderas a ultranza, y por otro la bilis de los inconformes perpetuos. El punto medio está en no dejarse tentar por la mezquindad, permitirse sin complejos ejercer la poca capacidad de asombro que nos queda, y ver el circo, eso sí: con los ojos bien abiertos. 
|+| Una corrección: El de #estadiocr no fue la primera vez que un hashtag tico es trending topic global en Twitter. En 2010 #temblorcr también se colocó entre los términos más populares en Twitter. Gracias a @mdverde por el dato.

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