
Del 81 como Kele Okereke y Brandon Flowers; Eto’o, Kournikova, Casillas, Milan Baroš, Natalie Portman, Justin Timberlake, y sí… Paris Hilton. Nací el año en que Sagan publicó Cosmos, Ali Agca disparó 3 veces contra Juan Pablo II, y le dió. Debutaban Duran Duran y Depeche Mode, mientras medio mundo bailaba the tide is high but i’m holdin’ on…
Hacia el final de mi adolescencia, a mi mamá le entró una inexplicable fijación porque su único hijo hombre aprendiera a bailar. Decidida, me regaló unas clases que entonces se me hicieron no solo inútiles, sino vergonzosas. Durante semanas lidié con mi predisposición genética al sedentarismo y a punta de constancia vencí al merengue. También intenté muchas veces aprender a tocar guitarra, y me habría encantado saber cantar. Entré y abandoné un gimnasio en al menos 7 oportunidades y no fue hasta el año pasado que logré domar uno. Publiqué mi primer texto a los 12 años por sugerencia de una maestra. Ese mismo año, en un acto de violenta rebeldía, me escapé solo de mi casa y me escondí por 2 horas en el cine Rex. Siempre odié los deportes. Por muchos años leí como si no hubiera mañana. Lo sé todo sobre el fenómeno OVNI. He visto luces en el cielo además de las estrellas y los aviones. Puedo contar con los dedos las únicas frutas que he probado. Hice desdoblamiento astral. He estado en coma.
De pequeño conocí la nieve. Más grande, la casualidad me llevó de nuevo a la misma montaña y ahí aprendí a esquiar. Me enamoré. He querido con fuerza; he aprendido a dejar de querer. Durante más de la mitad de mi vida le temí a los payasos. El año pasado canté en un karaoke por primera vez. Estrené un carro, y arruiné otro en un accidente en el que no tuve culpa. De niño sobreviví a dos choques desastrosos y solo tengo una marca. Padecí falso crup. Me dispararon dos veces en Nashville, pero no me dieron. Después de añorarlo por 15 años, me asolié en el zacate del Tiergarten y después me lo tatué en el brazo; me intoxiqué en Cartagena, crucé el Golden Gate en bicicleta, perdí un maletín en el JFK y creí que terminaría en Guantánamo, viví casi dos días en LAX, perdí un vuelo a cambio de una fiesta en Tegucigalpa y llegué a la boda de mi hermana cuando el cura dijo “podéis ir en paz”. Gané en los tragamonedas de Las Vegas, bajé a Panajachel pero nunca pude ver el Atitlán. Hice una vez la romería a Cartago. He pecado sistemáticamente y hubo un tiempo en el que me arrepentía. Me educaron como católico pero no funcionó.
Probé drogas y algunas las disfruté, otras he tratado de entenderlas. Entrevisté a Cerati, a Bunbury y a Sabina. Bailé con Sasha, Oakenfold, Van Dyk, Tiësto y Van Buuren. Oí cantar a Fito y a Calamaro, a INXS, Aerosmith, a La Ley, Andrea Echeverri, Azul Violeta, La Sonora Santanera, Fobia a Pandora y a Celia Cruz, Soda Stereo y Caifanes. Vi a Depeche Mode, a los Niños Cantores de Viena, al Teatro Negro de Praga, el Ballet Ruso y el Staatsballett. Vi a La Fura dels Baus aquí en mi casa, y al Cirque du Soleil allá en la de ellos. He sentido miedo.
Leí a Vargas Llosa, a Charpentier, a Fuentes, Paz, Bayly, Kundera, Eco, Bucay, Saint-Exupéry, Godin y Capote. Me río con Buenafuente, me sorprende Almodóvar, me hace pensar Tristan Garcia, deliro con Sánchez Arévalo o Amenábar, y me asombra Punset. Absorbí horas de Jesús Quintero. Y vi de frente lo que pintaron Monet, Frida, Van Gogh, Warhol, Rivera y Tamayo. He fundado 4 empresas. Empecé decenas de proyectos y abandoné más. Perdí materias en el cole y era un tarado para la mate. Jugué de rebelde: en esa época al carácter se le llama “mala conducta”.
Inventé un blog en el que he publicado 1.811 entradas y la gente ha publicado 42.435 comentarios. Por ese trabajo recibí un premio con nombre de prócer. Salí en La Teja diciendo “culo”. Me han asaltado 5 veces, y lo han intentado otras dos. Han entrado a robar a mi casa. Nunca he vomitado borracho. Me han arrestado. Me gustaba el lego. Me gustan el azul y el magenta. Tengo un tic. Le he fallado a amigos. Me han traicionado. He sido desleal. A diferencia de Edith, yo me arrepiento de muchas cosas.
He montado todas las montañas rusas que he podido. Escribí una columna para el periódico todas las semanas durante dos años y ahora, 5 años después, escribo otra. Aprendí a diseñar viendo, aprendí inglés oyendo. Le he enseñado a conducir a 8 personas, y todas viven. Hay algo que colecciono compulsivamente. He disfrutado un sinfín de noches de frío. He buscado el mar cada vez que lo he necesitado; todavía no lo entiendo, pero sí entendí cómo vuelan los aviones y cómo lavan las lavadoras. Me he reído hasta el arratonamiento. He llorado hasta la deshidratación. He pirateado música y sin vergüenza la he gozado a todo volumen.
He sentido rabia, frustración, asombro, fascinación, indignación, euforia, consternación, enojo, tristeza, y compasión. No pocas cosas me han dolido. Pero he tenido suerte; y en mi historia, breve, gana la gente buena.
Hoy cumplo 31 años y no entiendo bien por qué la costumbre es esperar a los 60 para recapitular. Para hacer memoria. Para sacar cuentas.
Yo hasta aquí ya llegué bien y tengo clara solo una cosa. Me la enseñó -sin saberlo- mi madre: es lo bailado lo que nadie nos quita. 
*De la ilustración: Paisaje con 32 círculos (2009). Federico Herrero.
