
“Un artista es todo aquel que logra cambiar el status-quo de su profesión”, disparó Karim Rashid este jueves sobre el escenario del Festival Internacional de Diseño, en San José. Muchos de los cientos que lo escuchábamos supimos que casi todos los adjetivos en el discurso del consagrado diseñador se referían, entre líneas, a él mismo.
“No importa si usted es arquitecto, cajero de banco, o diseñador, todos podemos crear nuevas formas de hacer lo que antes hacíamos de otra”, sostiene.
Es una de las estrellas más brillantes en la constelación del diseño industrial llevado a la categoría de arte contemporáneo, o de arte, tal cual. De hecho existen otros pocos divos que alcanzan la trayectoria y el mito que rodea a Rashid. Después de escucharlo hablar con fluidez y contundencia durante poco más de una hora, uno comprende que el mito se alimenta y engorda con cada una de sus palabras. Es un showman que ha diseñado con cuidado cada uno de los detalles de su personaje: un provocador de los buenos, de los que saben donde pica, y rascan.
¿Estábamos frente a un lunático, o un visionario? ¿Podría tener un poco de ambas? Rashid reniega de casi todo, porque ya casi todo existe. “La naturaleza está sobrevalorada”, respondió cuando le preguntaron por lo verde como fuente de inspiración. “Lo que nosotros creamos es naturaleza también, y a mi me inspira el poder para crear”, remató. Para este egipcio que crea desde New York, los “estilos”, y lo “clásico” en el diseño, le hacen daño a esta disciplina que -nos guste o no- acaba marcando la tendencia de casi todo lo que consumimos, vemos y usamos. “Lo que define a un artista es la búsqueda de originalidad”, insiste. “Cuando somos niños todos dibujamos de formas distintas, creamos de formas distintas. Todos nacimos para ser originales”, sigue, trazando con palabras ese perfil de genio disruptivo que no admite cuestionamiento. “Todos estamos aquí para crear”.
Fuimos a oír una charla sobre el trabajo de una leyenda viviente del diseño, y terminamos oyendo a una leyenda dar una clase magistral de filosofía para la vida contemporánea. Un discurso inquietante, porque inquieta, dicho por un diseñador, artista, DJ, escritor, polémico y escandaloso, como quiere.
Karim Rashid fue el plato principal del primer día del FID, aunque no estuvo solo. Antes pasaron por el micrófono el diseñador brasileño Rafael Abreu, el creativo y productor guatemalteco Carlos Argüello, y el reconocidísimo arquitecto brasileño Ruy Othake.
Esta es la segunda edición del FID, que debutó en el medio local en 2011 cuando llamó la atención por la calidad de su line-up de ponentes. Hay que decirlo: la edición 2012 es infinitamente superior. No solo porque consiguió mejorar aún más la oferta de expositores, sino por el nivel de la producción del evento se elevó sustancialmente.
El Festival continuará este viernes y sábado, con expositores como “el mejor creativo publicitario del mundo” según Advertising Age: David Droga; y el diseñador austriaco Stefan Sagmeister.
“El FID tiene el potencial de convertirse en un súper evento, una gran bienal, a nivel Latinoamericano. Así será en un par de años más”, sentenció el arquitecto Ohtake durante un conversatorio de medios en el que tuve el gusto de compartir con él y otros panelistas durante la mañana del jueves. Yo concuerdo. 
|+| El FID se realiza en La Aduana, las entradas están agotadas desde antes del inicio del evento.
|+| Las fotos son de Moodvertising.
