Sobre el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez

Esta noche se realizará la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2009, donde recibiré el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Aunque el anuncio se hizo a mediados del mes de enero, hasta ahora no había hecho el ejercicio de poner por escrito lo que me pasa por la cabeza. Quise sacar el rato para dejar esto aquí:
Aunque pueda resultar cajonero, lo primero que debo decir es que este reconocimiento me honra enormemente. Los premios de lo que podríamos llamar el periodismo más formal, nunca han estado -y siguen sin estar- entre mis objetivos y por el contrario, siempre los he visto con recelo. El Pío Víquez, como el resto de los Premios Nacionales, es un reconocimiento al mérito, otorgado por un jurado. No se trata de un premio académico, ni de un certamen en el que se compite. Es, así tal cual, un premio que le cae a uno encima. Por esa naturaleza del reconocimiento, y por el momento en el que llega, es que creo que tiene una fuerza arrolladora en su mensaje. Y el que yo leo es un mensaje de cambio.
Érase una vez. Alguna teoría añeja, o la simple costumbre, decía que el reportero no debía soltar nunca el micrófono. Que un entrevistado se hiciera con el aparato era pecado mortal: el reportero quedaba desnudo, indefenso a merced de la voluntad del civil que podía extenderse sin que hubiera forma de silenciarla. Soltar el micrófono era perder el control.
Un buen día se nos vino una plaga de micrófonos en la forma de computadoras, smartphones, cámaras y video digital; y el don -otrora casi divino- de generar y controlar los procesos de comunicación y el ejercicio de informar, se multiplicó como los panes y los peces. La información podía surgir de cualquier parte y conseguir tanto eco como el que alcanzaba cualquier medio de comunicación tradicional. El control sobre los procesos de difusión masiva y de generación de opinión pública está ahora más distribuido que nunca.
En este vértigo que nos ha tocado vivir, los periodistas no hemos sido precisamente destacados punteros. Tampoco la academia, ni las empresas de medios. Es la gente la que va adelante, haciendo camino al navegar. La gente nos sorprende con apropiaciones y usos insospechados de las herramientas online, con reacciones espontáneas y capacidad de organización por medio de las redes sociales, con modificaciones a los gadgets para adaptarlos a necesidades específicas, con los mashups de contenido, con la cultura libre…
¿Y los periodistas? Vamos detrás, en el pelotón, en un esfuerzo continuo de aprendizaje para correr al ritmo de los nuevos tiempos y los nuevos medios. Es justo eso lo que convierte este contexto actual en un reto tan apasionante: el permanecer vigentes para afrontar la creatividad con creatividad, aprovechar las nuevas formas de interacción, potenciar la participación, abrir los ojos y los oídos, en lugar de cerrar las puertas. Ya no nos toca defender -ni imponer- el micrófono. Somos un participante más en una conversación de miles, e idealmente seremos generadores de nuevas conversaciones en lugar de predicadores de discursos verticales.
El que se le conceda un reconocimiento como el Premio Nacional a un blogger, por el trabajo hecho desde un blog, es inédito en Costa Rica. Pero tampoco tiene precedentes en la región latinoamericana. Hoy tengo la fortuna de que me corresponda, pero me habría alegrado de la forma más sincera si se le hubiera otorgado a otro periodista que también tenga a la web como plataforma de acción. En este contexto de producción y difusión socializada de contenidos, y de un “ambiente de trabajo” altamente colaborativo, el triunfo de uno puede ser el de todos, y creo que eso es parte de lo que queda manifiesto hoy.
Lea más blogs. Como escribió el periodista Eduardo Ulibarri en la edición de este domingo de La Nación, “el impulso que las redes sociales otorgan a una mayor capacidad de acceso e intercambio de información, a la colaboración horizontal, la expresión de la diversidad, la transparencia, la interacción social y el control del poder, debe ser bienvenido”. Creo que no es descabellado extender el criterio más allá de las redes, e incluir a los blogs, innegables detonadores en la explosión de los social media. “Algunos actores -sean sociales, económicos, académicos, gremiales, religiosos o políticos- sentirán turbulencias, pero el sistema y la gente, en su conjunto, ganaremos”.
Me apasiona el tiempo que me tocó vivir, y me emociona trabajar en un entorno marcado por el cambio, por la visible ruptura de paradigmas, por la emergencia de nuevos protagonistas, por la democratización de lo que antes estaba reservado, por las turbulencias. Por eso en este reconocimiento yo leo “cambio”.
Desde mi trabajo tengo mucho que celebrar, pero tengo más que agradecer. A mi gente más cercana que ha creído en esto que hace 6 años podía parecer un juego, pero que hemos demostrado puede ser relevante. Y a todos los que viniendo a leer, a comentar, a recomendar, a criticar, a compartir, han hecho que este proyecto tenga sentido. 
























