Del ciberactivismo a la polución online

“La política formal puede llegar tarde y mal a lo emergente”, escribió Antoni Gutiérrez en el diario El País. Tiene toda la razón. Los nuevos medios, y la nueva cultura y formas de interacción en línea, plantean grandes retos para la clase política y la comunicación política. Se puede hacer bien, y el potencial es enorme, o se puede hacer mal. “New tools, same old dirty ways”, como escribió una amiga en Twitter.
Un ejemplo llamativo. Esto dice una página de actualización de Wikipedia, sobre Ottón Solís:
“…es considerado por gran cantidad de la oposición como el culpable de la derrota en el referendum, ya que sus movimientos de traer senadores estadounidenses destruyeron los principios de la contienda del NO, y convirtió el movimiento ciudadano que se había formado en oposición al tratado en meramente una plataforma para obtener el poder, algo que el pueblo no le ha perdonado aun; Posterior a la derrota en el referendum y con el nivel tan bajo de popularidad que poseía, decidió salir del país para que la opinión publica le olvidara, algo que no se consiguió ya que a nivel de opinión publica se vio la ida como una huida en la que el líder del partido dejaba a sus débiles diputados solos.”
Y no quieren que seamos suspicaces, que hagamos preguntas, que dudemos. ¿Cómo llegó tanto sinsentido a la enciclopedia colectiva?




















