¿Up close and personal?

Sin duda fue el tema que quedó flotando en el aire la semana pasada. Las informaciones publicadas por el diario La Nación sobre el secretismo en las relaciones entre Costa Rica y China, y las réplicas por parte de la Presidencia y el Partido Liberación Nacional.
El Ministro de la Presidencia calificó lo publicado como un acto de mezquindad y un “trato denigrante y calumnioso”. El PLN, por su parte circuló por email un texto en el que afirman que la información en cuestión es “una cortina de humo (…) Utilizando las viejas tácticas de la desinformación, que siempre han caracterizado a la imprenta de Llorente, tratan de “salvarse” ante la opinión pública”.
“¿A qué intereses responde La Nación con esta campaña de desprestigio?”, pregunta el texto que nadie firmó.
Este lunes, Liberación Nacional hizo circular otro email, atribuido a la periodista Adriana Núñez, en el que asegura que el diario ha sido un histórico enemigo de los gobiernos liberacionistas. Algunos extractos:
“…La Nación, redobló sus esfuerzos para llenar sus páginas principales, con noticias y titulares capciosos, en contra del Gobierno…
(…) Muchos gobiernos liberacionistas han sentido en carne propia el peso de este medio, que cuando siente peligrar sus intereses, ataca inmisericordemente utilizando todas las herramientas que la comunicación brinda…
(…) Por eso cuando en sus medios se rasgan las vestiduras para defender el derecho a la información, me pregunto: ¿Y dónde queda el derecho que tenemos los demás a ser informados con equilibrio y veracidad? ¿Hasta dónde se cometen errores con tal de probar ante la opinión pública prejuiciadas hipótesis? ¿O es válido orquestar publicaciones tendenciosas, enturbiando lo bueno que pueda haber en ellas?”



















