Misterio de Comunicación
Parece que las conferencias de prensa de Consejo de Gobierno dejarán de ser un foro de rendición de cuentas, para convertirse en charlas magistrales a las que los periodistas asisten, como taquígrafas, a tomar dictado.
No hay por donde ver con simpatía la ocurrencia que este lunes anunció el Ministro de Comunicación, de limitar el número de preguntas permitidas en las conferencias de prensa posteriores a Consejo de Gobierno, en nombre del ahorro de tiempo. Se limitará a 10 preguntas, “sobre todo porque algunos de ustedes se portan muy mal y repreguntan mucho”, dijo Roberto Gallardo, según lo consigna La Nación.
La acción es contradictoria en esencia. Está claro que la Administración Chinchilla ha tenido serios problemas para visibilizar y comunicar con efectividad sus acciones -donde las haya- y debe ser esa la principal motivación detrás del reciente nombramiento de Gallardo. ¿Qué sentido tiene entonces nombrar un Ministro de Comunicación, si una de sus primeras medidas va a ser ahorrar tiempo… en comunicación?
Entre 2007 y 2009 se generalizó en España la costumbre de que los políticos en puestos de elección popular (incluyendo al Presidente), y los candidatos, ofrecieran “conferencias de prensa” en las que no se admitían preguntas. Se les llamó “declaraciones institucionales”. Aquello era más un ejercicio de propaganda vertical, que de comparecencia ante los periodistas, depositarios en estas circunstancias del derecho a acceder a la información, del que gozamos todos los ciudadanos.
En abril de 2008, todos los directores de los periódicos nacionales españoles firmaron una declaración conjunta en la que cerraron filas y decidieron no cubrir las conferencias en las que no se admitían preguntas y repreguntas.
Está claro que la decisión del Ministro Gallardo no alcanza el extremo de vetar las preguntas, pero sí las limita. Cabe preguntarse: además de algunos minutos, ¿qué es lo que se pretende ganar? ¿No deberíamos estar avanzando exactamente en la dirección contraria? Más información, más horizontalidad, más transparencia, más, más; y no menos, y menos. El Ministro olvida un hecho clave: reducir la cantidad de preguntas, es también reducir la cantidad de respuestas.
Pero quizá lo peor de esta medida, oh ironía, es el poco tacto y pericia con los que fue comunicada. Un flamante misterio. 












