
El viernes, 12 twitteros tomaron café y compartieron un rato de su tarde en el despacho de la Ministra de Salud, María Luis Ávila. La idea surgió de forma espontánea, por medio de Twitter, solo unos días antes.
La ministra Ávila fue la tercera de los miembros del gabinete del actual gobierno, en incursionar en Twitter: esa plataforma para intercambio de mensajes cortos de la que pareciera que “todo mundo” habla, pero sin embargo acaso llegará a los 10mil usuarios registrados en Costa Rica, y bastante menos realmente activos.
Junto a Ávila, Leonardo Garnier (Ministro de Educación) y Marco Vinicio Ruiz (Ministro de Comercio Exterior) se han convertido en verdaderos fiebres: participativos en la conversación y muy activos en la generación de ideas. Baste como ejemplo el #librorecomendado ideado por Garnier, y sobre lo que ya hablamos aquí.
La idea de la ministra Ávila de la semana pasada me recordó que antes de que terminara el 2009, le envié a los 3 algunas preguntas sobre su incursión en Twitter y su opiniones sobre la herramienta, desde la perspectiva de un ministro en ejercicio. Por las razones que sea dejé que se me “traspapelara” el tema, hasta hoy.
Entonces me contaron que la culpa es de Marco Vinicio Ruiz. El ministro del Comex se considera un “early adopter” y fue de los que estrenaron una cuenta cuando Twitter era todavía una herramienta reservada para geeks. Hasta enero de 2009: “El terremoto de Cinchona mostró su utilidad. Entonces se da la oportunidad de tener mayor actividad y que las personas fueran empapándose de la herramienta, lo que me facilitó estar más activo y que la gente no pensara que ‘el Ministro no tiene nada que hacer’”, dice Ruiz. “Empezó a ‘retarme’ con que me apuntara con Twitter pero, la verdad, no me parecía que se pudiera decir mucho en tan poco espacio. Insistió y yo cedí”, cuenta Garnier. El titular de Educación fue el segundo reclutado, y se encargó de embarcar a la tercera: “Cuando las Twitladies decidieron invitar a María Luisa les pedí que la “carbonearan” y le abrieran una cuenta, pues tanto Marco como yo pensábamos que -como siempre anda conectada- era una ‘víctima ideal’ pues disfruta también de la comunicación y tiene buen sentido del humor, es muy rápida al responder, sería una twittera natural”, dice Garnier. “Ahí mismo abri la cuenta”, confirma Ávila. “Facebook si tengo desde hace tiempo”.
No sé cuántos ministros en ejercicio twitteen en América Latina, no conozco otros casos. Sucede lo contrario con los diputados o congresistas muy activos en Twitter, algo que se ha vuelto más común en la región y en Europa, pero de lo que no contamos con ningún ejemplo destacado en Costa Rica.
No cabe duda de que la herramienta puede ser de gran valor y utilidad, tanto en el plano personal como en el profesional, y desde luego en la función pública. Les pregunté a los ministros si podían puntualizar algún uso relacionado con las funciones de sus respectivos ministerios, o el valor de este medio en la función pública. En términos generales coinciden en resaltar el plus de contar con una vía de comunicación bidireccional con la gente. Garnier va más allá y subraya el carácter personal de Twitter:
“…toda comunicación tiene un efecto potencial en la gestión pública pero, ser funcionario público es apenas una faceta de lo que somos -personas con múltiples gustos e intereses- y entonces, Twitter contribuye o puede contribuir a todas esas facetas, como cualquier buen medio de comunicación. Es divertido, relaja, permite descubrir nuevos amigos, escuchar argumentos muy diversos, a veces uno está de acuerdo y lo manifiesta, a veces no y también lo manifiesta (o si no quiere no) en fin, es muy relajado y eso, cuando se está en un trabajo tan intenso, es muy sabroso. Tal vez ese es uno de los aportes que Twitter hace a mi trabajo: me divierte, me humaniza”
Y tiene razón. Es en el uso personal de la herramienta donde se halla la clave de la participación de estos 3 funcionarios de gobierno en esta mal llamada “red social”. Los 3 han dejado de lado la cajonera comunicación institucional, para abrir canales personales. Basta con leer sus interacciones regulares para notar que los demás usuarios aprecian la apertura, y le sacan provecho, como suele hacerse con cualquier twittero que aporte valor con sus contenidos.
Y es que hay que adminitirlo, aún si desvestimos a los ministros de ese aire de inaccesibilidad con el que acostumbramos ver a los altos funcionarios de gobierno, terminar tomando café con un ministro en su despacho, no es usual. El ejemplo me parece poderoso por lo que implica: que tras un proceso mediado por herramientas digitales, ciudadanos tengan acceso a altos funcionarios en una conversación de iguales, sin filtros burocráticos. Es -al menos en principio- una maravilla.
“Creo que ofrece una cercanía que raramente se podría dar de otra forma. Es tomarle el pulso a lo que la gente piensa en pocas y sencillas palabras”, dice Ávila. Ruiz concuerda: “Le permite a la gente conocer de las actividades del Ministro e interactuar directamente con él. Tiene un componente muy importante de transparencia y permite presentarnos como uno más”.
“Empecé a hacer nuevos amigos y a recuperar una libertad que a veces se pierde, pues gracias a Twitter podía escribir en ratos muy pequeños y sobre los temas más diversos: no hay obligaciones en este espacio, no hay que escribir cada día, ni tantas veces al día, en fin, es muy libre”, dice Garnier. “Lo disfruto”. 
|+| Los ministros en Twitter (por orden de aparición): @maviru @leogarnier @maluavi
|+| Roberto Gallardo, Ministro de Planificación y asiduo blogger, también incursionó en Twitter en las últimas semanas: @robertogallardo