
“A los medios nos está costando adapatarnos”, dice el máximo responsable de la edición online de El País, el periódico hispanohablante más influyente del planeta y uno de los medios en español más leídos online. La incertidumbre sobre el modelo de negocios y la apuesta por la innovación al servicio de la información, son dos constantes al escuchar al Director adjunto del periódico, Gumersindo Lafuente. “Lo que queda es pelear en el día a día”, reflexiona, sobre un entorno que impone cambios a ritmo acelerado para el periodismo y el negocio de los medios. “En España, de los grandes diarios impresos, el único que sigue ganando dinero -pero mucho menos que antes- es El País”.
Antes de ingresar a ElPais.com, Lafuente tuvo la culpa de hacer de su competencia directa ElMundo.es, el medio online más leído de España. También fue el cerebro detrás de Soitu.es, una apuesta tan precoz como llamativa, con la que ganó dos premios de la Online News Association y otros muchos reconocimientos.
Sobre todo eso conversé con Lafuente este martes, desde su casa en Madrid:
Me gustaría intentar dibujar una panorámica: periódicos con más lectores que nunca antes en la historia gracias a la web, pero las ventas de las ediciones impresas no hacen más que disminuir. El modelo de negocios en línea sigue dependiendo mayoritariamente de la publicidad, pero solo las ganancias por publicidad online no son comparables con las ganancias que obtienen del impreso. Se están ensayando todo tipo de modelos de cobro por contenido, y hay muchos actores involucrados en este baile: ¿cómo lo ve usted, desde esa ventana privilegiada que le da estar al frente de uno de los medios hispanohablantes más leídos del planeta? ¿En qué momento estamos?
En un entorno tecnológico nuevo y cambiante. A las empresas tradicionales de medios nos está costando mucho adaptarnos a un entorno en el que la tecnología marca verdaderas diferencias en lo que son nuevos negocios; modelos de producto y de negocio, con respecto a lo que conocíamos hasta ahora.
Además, particularmente en Estados Unidos y Europa, hemos visto un descenso en los ingresos de los medios tradicionales, también producto de la crisis económica. Y yo creo que intentamos buscar soluciones que son en realidad un poco contra natura, que no tienen mucho que ver con cómo funciona la red. Tratamos de aplicar criterios de comercialización clásicos a productos que se tienen que desenvolver en un ecosistema nuevo. Eso nos lleva a la ineficacia, a dar palos de ciego. No vemos cuáles son los problemas reales que tenemos, y cuáles las soluciones que nos permitirían proyectar nuestro negocio a futuro.
Creo que estamos fregados, y bastante confundidos por la imperiosa necesidad de encontrar soluciones a toda velocidad. Por otro lado tenemos actores, muchos de ellos casi sin capital, que han adquirido mucho protagonismo en la red, y mucha influencia en papeles que tradicionalmente les han correspondido a los medios. Surgen herramientas y espacios como las redes sociales, y la gente empieza a ejercer funciones similares a las que hasta hace poco solo nos dedicábamos los periodistas. Entonces a los problemas económicos y de negocio, tenemos que sumarle otra incertidumbre: los periodistas tenemos que definir cuál es nuestra relevancia, cuál es nuestro papel en este nuevo ecosistema; con lo cual las angustias se duplican.
Se ha hablado mucho en los últimos meses del supuesto debilitamiento de las plataformas de contenido, (como los blogs, los medios nativos digitales y los propios periódicos) frente al auge de las redes sociales. Al mismo tiempo está sobre la mesa la discusión sobre si estamos migrando hacia una internet basada en redes sociales y consumo de contenido por medio de aplicaciones, y abandonando la web abierta. ¿Qué opina?
Evidentemente estamos viviendo un auge de las redes sociales, pero a mi realmente esto me gusta. Si lo pensamos, hasta hace relativamente poco tiempo internet estaba “gobernado” por una única empresa. Google seleccionaba, organizaba, categorizaba, recomendaba, y todos le debíamos un porcentaje muy importante de nuestro tráfico exclusivamente a Google; hablamos de una máquina, un robot, un algoritmo, con unos criterios, del que algunos pícaros sacaban provecho, aún cuando su contenido no fuera de calidad, no fuera original o relevante.
Yo prefiero pensar que la recomendación la haga una persona, a que la haga una máquina. Creo que será una recomendación más atinada, pero además porque cuando una persona recomienda a sus amigos, o seguidores, algo, el crédito que le otorgamos a la recomendación es mayor que a lo recomendado por un algoritmo, siempre.
Lo que hemos visto en el último año y medio, dos años, y de manera creciente en los últimos meses, es que el tráfico que nos aporta la recomendación social, desde redes como Facebook, herramientas como Twitter, o Menéame en el caso de España, es un tráfico de más valor. Es una recomendación con más criterio que la de un robot.
Cuando esas funciones, de curaduría, selección y jerarquización de los contenidos, se distribuyen, se socializan, ¿cuál es ese papel que sigue quedando en manos de los periodistas?
Lo estamos viendo por ejemplo en Twitter cuando ingresan medios de comunicación, o periodistas relevantes y con criterio: lo que queda es pelear en el día a día. Los periodistas tenemos una profesionalidad y una experiencia para distinguir lo que es interesante de lo que no, lo que es original de lo que no, lo que es relevante de lo que no; pero esa capacidad debemos demostrarla en la red, todos los días.
En ese entorno competimos por la atención, con usuarios que no necesariamente son periodistas, pero sí tienen conocimientos especializados en determinados temas, y cuando alcanzan un número importante de seguidores, se convierten en prescriptores y de alguna forma son competencia para los medios de comunicación.
Pero yo creo que es más una oportunidad, para los periodistas individualmente, pero también para los medios que sepan cómo aprovechar ese escenario.
Eso con respecto al ejercicio periodístico, pero ¿y qué pasa con el negocio? Si el modelo de negocios para las ediciones online sigue siendo un ensayo en etapa de pruebas, ni se diga la distribución de contenidos por medio de Facebook o Twitter. ¿Quién va a pagar ese flujo de información, cómo conseguir que sea sostenible?
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